Deja de marear la perdiz y ten un plan simple y eficaz

¿Tienes un negocio y quieres tener una estrategia para vender, pero no sabes por dónde empezar?

Creo que, como Elena, tienes el síndrome del objeto brillante

Elena tenía el síndrome del objeto brillante. Probablemente tú también (nos pasa a todos los emprendedores).
 
A mí me traía loca. No es una enfermedad, no. Es simplemente una distracción por algo novedoso. Lo nuevo, por el simple hecho de serlo, es mucho más atractivo y lo priorizamos ante el resto de actividades. 
 
Y eso nos hace perder el foco. Y hace que no consigamos vender.
 

Eso le pasaba a Elena. 

Y aquí encontró la solución:

Pero, sigamos con Elena. Te cuento.
 

Elena tiene un negocio. Ofrece servicios de asesoría laboral para emprendedores que buscan trabajo. Hasta ahora había conseguido clientes gracias al boca a boca, pero se había quedado estancada. Necesitaba crecer más, conseguir clientes fuera de su entorno.

Elena es buenísima en lo que hace, pero tiene poca experiencia en la parte comercial. Es autodidacta y le gusta aprender sobre marketing. Sigue a muchos expertos en Instagram e intenta aplicar todo lo que lee.
 
Cada vez que ejecutaba alguna nueva acción lo hacía convencida de que “eso” es justo lo que necesita. Lo que haría que sus ventas se disparasen. Lo que le permitiría por fin vivir cómodamente de su trabajo y conseguir la vida que soñaba.
 
Después de probar mil y una cosas, lo dejaba porque nada “funcionaba”. Aunque, eso sí, seguía volcando toda su energía en publicar en Instagram, como si el futuro de su negocio dependiera de ello.
 
Ahora tocaba hacer Reels. A lo loco. Cuantos más, mejor. Seguir tendencias, mirar visualizaciones, bailar, saltar, cambiarse de ropa. Y señalar, siempre señalar.
 
Sin embargo, Elena veía que aquello no tiraba. Vale, si tenía suerte, algún Reel se volvía “viral” y lo veía un montón de gente. Y hasta le traía más y más seguidores ¡Alegría!
 
Pero la emoción duraba lo mismo que esa increíble sensación del primer sorbito de cerveza cuando la sed aprieta. Un instante fugaz.
 
Porque las ventas no llegaban. Nadie contactaba con ella. Silencio total.
 
El problema de Elena no era que lo que hacía “no funcionaba”. El problema es que no tenía una estrategia. Unos objetivos definidos, una visión global del negocio. Un plan coherente que le dictara qué debía hacer en cada momento:
 
Paso 1 – Paso 2 – Paso 3.
 
Sin un plan que hilvanara la suma de todo lo que hacía, cada acción que emprendía, por buena que fuera, se acababa convirtiendo en un hecho aislado que no aportaba resultados.
 
Como una gota en la inmensidad del océano.
 
Por eso, preparé un curso que le ayudara (y a ti, si tú también quieres que tu negocio crezca) a tener ese plan estructurado. Un plan sencillo, estratégico y fácil de ejecutar.
 
Un plan eficaz.
 
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